

En los Países Bajos, los ciudadanos se han enfrentado en numerosas ocasiones directamente a su Gobierno. En una democracia se tiene derecho a protestar, pero una y otra vez la situación se ha descontrolado.
Fíjate en el monumento que tienes justo delante. Tres mujeres, unidas por una amplia banda, fundidas en bronce y situadas a la entrada de la Noorderkerk. Se trata del Monumento Jordaanoproer, inaugurado en 1987 para recordar una rebelión que sacudió Ámsterdam hasta lo más profundo.
Era el año 1934. La Gran Depresión había dejado a los Países Bajos en la ruina, y el desempleo se había convertido en una forma de vida en el Jordaan. Las familias se apiñaban en húmedos pisos de un solo cuarto en los sótanos. Entonces, el gobierno recortó las prestaciones por desempleo en un 10 %. Eso fue la gota que colmó el vaso.
La gente se echó a las calles alrededor de Westermarkt y Brouwersgracht, lanzando adoquines, tejas y macetas a la policía, que respondió con munición real. Los enfrentamientos se extendieron por toda la ciudad durante días. Para restablecer el orden, se llamó al ejército, pero no sin sacrificios. Hubo muertos y heridos, incluido un soldado que fue golpeado por una cocina lanzada desde una ventana en Laurierstraat. En total murieron cinco personas y 56 resultaron gravemente heridas.
Las tres mujeres de este monumento nos recuerdan que la gente común, llevada al límite, puede cambiar el curso de la historia.
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