
A finales del siglo 13, enormes bóvedas de piedra comenzaron a elevarse desde la playa para albergar un nuevo tipo de fábrica, una que construiría la flota de guerra de un imperio. Al pie de la montaña de Montjuïc, donde los antiguos muros se encuentran con el paseo marítimo, estas salas góticas se convirtieron en el corazón palpitante del poder mediterráneo.
Las Drassanes Reials, Atarazanas Reales, toman su nombre del árabe daras sina'ah, que significa casa de construcción naval. El rey Pedro III de Aragón las fundó en el siglo 13 para construir galeras, los buques de guerra que dominaron las batallas marítimas durante siglos. Dentro de las vastas cámaras de piedra, los artesanos ensamblaban embarcaciones de hasta 60 metros de largo, impulsadas por docenas de remos del tamaño de troncos de árboles.
La historia oculta un secreto aquí. Excavaciones en 2012 revelaron que el edificio que ves no es medieval en absoluto, sino una reconstrucción del siglo 16. Cuando un nuevo puerto alteró las corrientes oceánicas, las inundaciones arruinaron las atarazanas originales. Los constructores trasladaron las operaciones tierra adentro y recrearon fielmente el diseño gótico simplemente porque funcionaba mejor para construir barcos.
Estos talleres produjeron la galera real que llevó a Juan de Austria a la victoria en Lepanto en 1571, la última gran batalla librada completamente por embarcaciones de remo. Ese único día causó 30.000 muertes y rompió el dominio naval otomano para siempre.
Los militares usaron las atarazanas como arsenal hasta 1936, cuando abrieron como el Museo Marítimo.
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