
Uno de los parlamentos más antiguos de Europa nació de un compromiso real que cambió el curso de la democracia. En 1283, el rey Pedro III de Aragón otorgó a las Cortes Catalanas el poder de aprobar leyes junto al monarca, convirtiéndolo en el primer parlamento de Europa en obtener oficialmente derechos legislativos. Este sistema revolucionario significaba que el rey ya no podía hacer leyes ni imponer impuestos sin el consentimiento de representantes del clero, la nobleza y las ciudades.
En el interior del majestuoso edificio neoclásico en el corazón del Parc de la Ciutadella se encuentra el hogar de esta perdurable tradición democrática. El palacio tiene una historia turbulenta. Fue construido entre 1717 y 1727 como arsenal militar para la fortaleza que el rey Felipe V edificó tras conquistar la ciudad el 11 de septiembre de 1714. En 1889, el arquitecto Pere Falqués lo transformó en palacio real, añadiendo elementos decorativos y balcones a la fachada.
Cuando la República Española otorgó autogobierno a Cataluña en 1932, este edificio se convirtió en la sede oficial del Parlamento. La institución se exilió en 1939 tras la Guerra Civil Española y permaneció ausente durante cuatro décadas. Finalmente regresó en 1980 cuando se restauró la democracia, permitiendo que 135 diputados electos reanudaran el trabajo legislativo que comenzó siete siglos antes.
¿Algún comentario sobre esta historia?