
Caminar por Carrer de la Bòria significa recorrer la ruta donde los criminales una vez enfrentaron humillación pública y castigo brutal. Esta estrecha calle del Barrio Gótico fue el escenario de uno de los rituales más duros de la justicia medieval: Passar Bòria avall, una procesión de vergüenza que duró desde la Edad Media hasta 1831.
El castigo comenzaba en la torre de la prisión cerca de Plaça de l'Àngel. Los criminales condenados montaban burros por calles abarrotadas, llevando carteles que describían sus crímenes. Algunos llevaban collares de cinta roja que exhibían bienes robados o armas homicidas para que todos los vieran. Dos frailes, un verdugo, guardias y multitudes burlonas seguían este desfile sombrío.
Los condenados soportaban una tortura calculada a lo largo de la ruta. En 100 paradas designadas, el verdugo entregaba entre 1 y 4 latigazos en cada esquina. Las víctimas viajaban por Carrer de la Bòria, por Placeta Marcús, a lo largo de Carrer Montcada hasta Passeig del Born. Los delincuentes más graves continuaban hasta Pla de Palau, donde esperaba la horca.
El último azotamiento registrado ocurrió en 1834, aunque los registros mencionan a una mujer conocida como Tia Caterina recibiendo este castigo en 1816. El nombre de la calle Bòria deriva de boeria, refiriéndose a una torre defensiva romana que servía como corral de bueyes para el convento de Sant Pere.
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