
El reluciente monumento blanco que tienes ante ti es una obra de mármol de 25 metros que aúna el dolor, el orgullo y la ambición imperial. La reina Victoria gobernó Gran Bretaña desde 1837 hasta su muerte en 1901, un reinado tan prolongado que dio nombre a toda una época. Cuando su hijo, el rey Eduardo VII, puso en marcha una campaña de recaudación de fondos para honrarla, la respuesta llegó desde todos los rincones del imperio.
Llegó dinero de Australia y Nueva Zelanda. Las tribus africanas enviaron mercancías para venderlas en pro de la causa. Se recaudó tanto que este monumento fue solo el comienzo. Con esos mismos fondos se financió el Admiralty Arch, situado al final de The Mall, la gran avenida que se extiende ante usted, y se renovó por completo la fachada del Palacio de Buckingham que se encuentra detrás, todo ello en tan solo 13 semanas.
El escultor Sir Thomas Brock y el arquitecto Sir Aston Webb representaron a Victoria sentada, mirando hacia The Mall, flanqueada por figuras que representan la Justicia, la Verdad y la Maternidad. Los cuatro leones de bronce a sus pies fueron un regalo de Nueva Zelanda.
A la inauguración en 1911 asistieron el rey Jorge V y el káiser Guillermo II, ambos nietos de Victoria, que se mantuvieron juntos durante la ceremonia. Tres años más tarde, estaban en guerra el uno contra el otro. Victoria había logrado mantener unida a la familia durante bastante más tiempo de lo que lo haría la historia.
¿Algún comentario sobre esta historia?