
Esa fachada barroca roja es, en esencia, un disfraz. Detrás de ella se encuentra una de las iglesias más antiguas que se conservan en Bohemia, y lo que ocurrió entre sus muros en el año 973 reescribió silenciosamente las reglas del poder en toda la región.
Antes de ese año, Bohemia respondía ante Ratisbona, en Baviera. Las disputas eclesiásticas, las coronaciones reales, los nombramientos para cargos de autoridad... todo ello requería la aprobación bávara. El príncipe Boleslao II decidió que ese acuerdo había llegado a su fin. Convenció a Roma para que estableciera una diócesis independiente, con esta basílica como sede y un hombre llamado Detmar como su primer obispo. A partir de ese momento, Bohemia dejó de pedir permiso.
Las consecuencias políticas fueron inmediatas y duraderas. Una diócesis independiente significaba el control sobre el derecho eclesiástico, los derechos de propiedad y los nombramientos locales, ninguno de los cuales tenía que volver a ser autorizado por autoridades extranjeras.
Hay otro aspecto que vale la pena conocer. Esta basílica también albergó el primer convento de Bohemia, dirigido por Mlada, la propia hermana del príncipe. Las mujeres que allí vivían administraban grandes fincas, educaban a las hijas de las familias nobles y ejercían una influencia política genuina.
Así que, detrás de ese exterior rojo brillante, se encuentra la mampostería románica de la década de 970, la década en la que este lugar pasó de ser una iglesia a convertirse en una sede. Baviera nunca lo superó del todo.
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