
El edificio que tienen ante ustedes ha sido reconstruido tantas veces que casi nada de lo que databa de 1212 se conserva en la superficie. Pero lo que ocurrió aquí aquel año marcó todo lo que vino después, incluido el mismo suelo sobre el que pisan.
El rey Otakar I se encontraba en una posición privilegiada. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II, luchaba por su derecho al trono imperial y necesitaba aliados poderosos. Otakar lo apoyó desde el principio, cuando el resultado estaba lejos de ser seguro. Federico recompensó esa lealtad con un documento que se conoció como la Bula de Oro de Sicilia, llamado así por el sello de oro impreso en el lacre.
Ese documento cambió las reglas por completo. La corona de Bohemia pasó a ser hereditaria, transmitiéndose de padres a hijos sin necesidad de aprobación imperial. Otakar también obtuvo el derecho a nombrar obispos, controlar sus fronteras y recaudar impuestos según sus propios términos. No se trataba de concesiones menores. La mayoría de los reyes medievales pasaban todo su reinado suplicando al emperador precisamente este tipo de privilegios.
Bohemia se convirtió en uno de los reinos más independientes de Europa Central, mientras que los gobernantes vecinos seguían haciendo el largo viaje para arrodillarse ante el emperador por decisiones que los reyes de Bohemia tomaban durante el desayuno.
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