
El terreno que pisas se elevó a raíz de una catástrofe. En 1541, un devastador incendio arrasó la Ciudad Pequeña y el barrio del castillo, reduciendo cientos de edificios a escombros carbonizados. La ciudad necesitaba un lugar donde verter todos esos escombros, y esta llanura aluvial pantanosa fue la solución. Aquí se amontonaron ladrillos rotos, vigas quemadas y cenizas hasta que el terreno se elevó lo suficiente como para poder construir sobre él por primera vez.
A finales del siglo XVI, artesanos y alfareros se habían instalado aquí, convirtiendo este terreno elevado en una pequeña comunidad trabajadora con su propia plaza del mercado. El estrecho curso de agua que discurre a tu lado se llama Čertovka, que se traduce como «Arroyo del Diablo». Se trata de un canal artificial excavado en el siglo XII para accionar molinos de agua, uno de los cuales aún tiene su enorme rueda de madera girando tras 600 años. Ese canal es lo que convierte este lugar en una auténtica isla. Hasta 1915, las únicas formas de llegar a ella eran en transbordador o vadeando un vado.
El nombre «Arroyo del Diablo» tiene un origen maravillosamente mundano. La leyenda lo atribuye a una lavandera de lengua afilada que vivía en una casa cercana llamada «Los Siete Diablos». Ella lavaba la ropa en el canal y, al parecer, aterrorizaba a todo el vecindario. Así que Praga bautizó un canal con su nombre. Sinceramente, me parece un homenaje justo.
¿Algún comentario sobre esta historia?